Cartagena, al mar no se le engaña con renders: La lección olvidada que nos dejó la historia

Cartagena, al mar no se le engaña con renders: La lección olvidada que nos dejó la historia

Render Gran Malecón del Mar - Mirador del Sol - Rueda de Cartagena (Rueda de Chicago)

Mientras las obras nuevas de Cartagena se "faratan" ante el primer frente frío de 2026, una estructura construida a finales del siglo XIX sigue firme, burlándose del tiempo y del oleaje: el Malecón de El Cabrero. Aquí resumimos una crónica impecable de John Capella ("Cartagena A Capella"), donde revela que el colapso de las defensas costeras actuales no es culpa de la "fuerza mayor", sino del olvido de la ciencia y la sustitución de la ingeniería de siglos por la política de periodos.

 

 

En el siglo XIX, Rafael Núñez no improvisó. Trajo ingenieros holandeses, los maestros mundiales de la hidráulica, para levantar el malecón que va desde La Tenaza hasta El Cabrero. No se hizo "para la foto"; se usó piedra de gran tamaño asentada con criterio de masa. Su función era resistir, no ganar playa. Hoy, tras décadas de huracanes, ese malecón sigue ahí, demostrando que la buena ingeniería envejece con dignidad.

La historia de Bocagrande y la Avenida Santander es un vaivén de lógica y descuido

  • El éxito de Lleras Restrepo: En los años 50, el Ministerio de Obras Públicas construyó espolones entre Marbella y Crespo que funcionaron porque fueron diseñados para proteger y generar playa simultáneamente.
  • La advertencia ignorada: El ingeniero español José María Iribarren, autoridad mundial contratada por el Hotel Caribe, recomendó un espolón de 600 metros detrás de Santo Domingo para equilibrar las corrientes. Nunca se hizo. En su lugar, décadas después, llegaron los "Espolones en T" (copiados de México), que estancaron el agua y volvieron el lodo protagonista.

Bajo el gobierno de López Michelsen se propuso lo lógico: proteger la costa antes de tirar asfalto. Pero los gobiernos siguientes invirtieron la lógica. Priorizaron el Anillo Vial sin defensa marina y el mar hizo lo suyo: se comió la tierra, desapareció terrenos escriturados y destruyó propiedades históricas como la casa de Daniel Lemaitre. Fue un "arroz con mango" entre contratos mal diseñados y organismos internacionales que financiaron vías sin exigir protección.

Hoy, con el anuncio del "Gran Malecón del Mar", Cartagena se enfrenta a su propio espejo. La historia demuestra que cuando se escuchó a la ciencia (como hizo Núñez), la ciudad resistió. Cuando se optó por improvisar, el mar pasó factura. Hoy se hacen obras por show mediático... Como bien dice John Capella en su crónica: "El mar no aplaude inauguraciones: observa, espera… y responde".

Lee a John Capella en su página de Facebook "Cartagena A Capella".

Autor

ferst

A veces dibujo, a veces hago fotos. A veces me emputo.